Un hombre sencillo que siempre te ofrecía su ayuda para lo que hiciera falta

ÁNGEL ALZAGA ZARRABEITIA 'SARTAN' EXPROFESOR DE MENDIGAIN DANTZA TALDEA

argIZURTZA. El pasado 16 de noviembre falleció Ángel Alzaga Zarrabeitia, conocido con el mote de Sartan. Originario del caserío Vista Alegre del municipio de Izurtza residió durante muchos años en Abadiño. Fue dantzari y profesor de danzas en el grupo izurtzarra Mendigain Dantza Taldea. Jesús Urkiza fue uno de sus alumnos en esta asociación cultural. "Era un hombre duro, pero gracias a ello aprendimos todos a bailar. Era de los de hacer fuerte. Ahora bien, fuera de las horas de aprendizaje era muy majo".

Urkiza recuerda una anécdota vivida junto a Sartan. "Durante un tiempo se estaban haciendo obras en la casa cural torre, que se arregló entre todo el pueblo de Izurtza. Vino un crío y tras hacer algo, salió el cura de entonces, de tiempos del franquismo, y le pegó una buena al chaval. Sartan lo vio y con su fuerza bruta que no controlaba le enganchó al cura, le levantó en el aire y le colgó de un perchero".

Ángel Alzaga era un buen perretxikero. Fue un apasionado del mundo de las setas. Su hábitat propio era, sobre todo, el Parque Natural de Urkiola. Alfonso Ortuondo le conoció bien en esa labor. "Era un lobo solitario, como dice su cuñado, le preguntaron por sus txokos de coger setas, y se fue sin dejarle los planos de los lekus. Se llevó el secreto a la tumba", aporta el de la asociación micológica Errotari de Durango.

Alzaga cumplía, si podía, a diario un circuito propio: Comenzaba por el bar de Izurtza, luego iba a Amaitermin, al restaurante Basaguren y a Azkonizaga. Y por las tardes, allá donde estuviera pedía que le pusieran en el televisor "la película del oeste", agregan sus amigos en amena charla en el bar Larrazabal de Durango. Su regente, Edu, también conoció a Sartan.

Ortuondo recuerda cómo Alzaga fue un hombre "bueno para la juerga y para el trabajo, un gran trabajador de una empresa familiar. Sartan era un hombre que destacaba por su sencillez, siempre te ofrecía su ayuda para lo que en el trabajo mismo pudiera hacerte falta. Tenía una capacidad laboral de la órdiga. Era de hacer mucho trabajo, dispuesto y lo que hacía lo hacía sin esfuerzo. Fue un muy buen compañero", concluye con aprecio.

Todos sus amigos coinciden en que, en ocasiones, no controlaba su fuerza. "Te podía dar la mano y destrozártela. No era consciente del daño que te estaba haciendo. Tenía fuerza bruta, nervio", sonríen.

Los compañeros de trabajo, dirección y socios de Fundiciones Garbi, firma ubicada en el bario Muntsaratz de Abadiño, también quieren recordarle. La misa funeral en su recuerdo se ofició el lunes 18 de noviembre en la parroquia San Trokaz de Abadiño.

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Deia
5 Diciembre 2013